El formato global

La tecnología del satélite ha abierto la posibilidad de distribuir programación de televisión a escalas internacionales. Pero en muchas ocasiones los productos audiovisuales acabados concebidos para audiencias localizadas chocan con barreras culturales y lingüísticas que los tornan ininteligibles en otros países. La mercantilización del formato es una respuesta del mercado internacional del audiovisual en una época de expansión del espacio televisivo. El tráfico de formatos permite “terminar” el producto en el ámbito nacional o regional, localizarlo, adaptarlo a las temáticas locales, incorporarle presentadores fácilmente reconocibles.

La comercialización de formatos televisivos probados con éxito en la programación de un país para ser re-producidos en otros, la venta de ideas y de derechos de autor, es una industria que moviliza cuantiosos capitales en la que operan empresas de distintos orígenes y desiguales dimensiones.
En un articulo publicado en la revista TV World, Chris Fuller analiza algunas de las aristas de este negocio.
Una de las preocupaciones fundamentales de los empresarios del sector está dirigida a controlar la copia ilegal de formatos televisivos en distintas partes del mundo. La situación no es sencilla de normalizar puesto que choca con legislaciones nacionales diversas en torno a la protección de los derechos de autor y también porque la definición de los elementos que distinguen a un formato como original plantea ciertas ambigüedades.
Al respecto Fuller cita la opinión de Fleur Botman, un abogado del departamento legal de los especialistas en formatos Endemol Entertainment con sede en Alemania: “El problema básico es que el formato es bastante difícil de proteger. En muchos países las leyes de derecho de autor sólo protegerán el modo en que una idea ha sido formalizada. Esto es, si están escritas en un pedazo de papel, puedes proteger el pedazo de papel y aspectos de las reglas. Para reforzar la protección nos aseguramos de haber hecho un episodio del show antes de registrarlo. Además las ideas raramente son únicas. Lo que parece un concepto absolutamente nuevo puede también haber sido ideado al mismo momento en otro país”.
La determinación de los elementos originales y su articulación en un programa de televisión es el eje de esta problemática. Imaginemos un niño de ocho años contando una historia a cámara, ¿es ese un elemento de un formato?. Tal vez no. Pongamos después de ese plano la imagen de un anciano contando otra historia a cámara. ¿Ambas secuencias juntas conforman un elemento?. ¿Todavía no?. Supongamos que niño y anciano cuentan la misma historia pero desde sus particulares puntos de vista. ¿Ahora sí?.

El tráfico de formatos es una práctica extendida ante las limitaciones provocadas por la diversidad lingüística y cultural de las naciones. La televisión inglesa, con la BBC como actor principal, es un sistema fecundo en la creación y exportación de formatos, fundamentalmente en los géneros de entretenimientos y shows de juegos. Para dar sólo un ejemplo, recientemente se ha estrenado en TVE el programa “Así es la vida”, adaptación del clásico de la BBC “That´s life” que además ya había sido explotado anteriormente por el Canal Sur de Andalucía.
Pero como hemos visto la circulación de formatos televisivos atraviesa los océanos en varias direcciones. Algunos programas son recreados localmente en distintos países aunque tengan éstos la misma lengua. Es el caso de “The price is right”, que con su título en castellano “El precio justo” ha contado, por lo menos, con una versión argentina, una española y una mejicana. No es el único ejemplo de famosos títulos en inglés traducidos al castellano en programas producidos en países latinoamericanos, no siempre en versiones autorizadas.

¿Por qué un formato puede funcionar en distintos contextos?
Intentaremos solamente una breve y provisoria respuesta. Alguien dijo que el metalenguaje de la televisión es el entretenimiento. Si se me permite el deslizamiento podemos asumir que el formato es la escritura de ese metalenguaje y esta escritura es tan universal como universal sea el uso de la televisión como medio de entretenimiento.

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